“Todo tiene solución, menos morirse”

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Dr. Rogelio Díaz Ortiz

Ópticas Constructivas

El estudio sistemático del fin de la vida y los procesos de pérdidas significativas, ha pasado de ser una preocupación hospitalaria, familiar o personal a una disciplina integral para el desarrollo humano.

Son muchas las implicaciones legales, éticas, religiosas y sociales, pero el tema ha cobrado especial interés y vigencia después de la pandemia del 2023.

Ante este inesperado reto, se presentaron de manera abrupta cambios en la vestimenta, comunicación personal, rituales para despedir a los muertos, educación, economía y salud en lo general.

Emergió el “cuerpo emocional” y se convirtió en una necesidad el concurso cotidiano de psicólogos, psiquiatras, logos terapeutas, tanatólogos y múltiples disciplinas relacionadas con la espiritualidad.

En la década de los 70s, tuve la extraordinaria oportunidad de conocer a la Doctora Elizabeth Kubler Ross, en la modestia de mi estatus como estudiante de medicina, acompañe su visita a algunos enfermos terminales, observe y escuche con atención sus “revolucionarios” conceptos sobre la integración de lo que hoy es la Tanatología, pero no estaba “preparado aún para entender su trascendencia.

Etimológicamente derivada del griego Thánatos (muerte) y logos (estudio), la tanatología nació formalmente en la primera mitad del siglo XX con Elie Metchnikoff (Premio Nobel de Medicina) como una rama de la medicina forense y la patología. Sin embargo, su giro humanista ocurrió en la década de 1960 gracias a Cicely Saunders, así como a la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, quien redefinió la disciplina al centrarse en la vivencia emocional del enfermo terminal y las fases del duelo.

La disciplina pasó de enfocarse de manera exclusiva en el monitoreo del biológico “acto de morir“, a abordar la pérdida de forma holística (bio-psico-social y espiritual).

Entre sus muchas aportaciones al tema, la Doctora Kubler Ross organizo y presento las etapas del proceso de duelo. Estas, no siempre se presentan de forma lineal ni con la misma duración para todas las personas, describen las respuestas emocionales más comunes ante una pérdida significativa.

1. Negación: Funciona como un mecanismo de defensa inicial que frena el impacto directo del dolor. 2. Ira / Frustración: Surge cuando la realidad de la pérdida se vuelve innegable. Aparecen sentimientos de rabia, resentimiento y la búsqueda de culpables, dirigidos hacia médicos, familiares, la vida o deidades. 3. Negociación: La persona busca fantasías o acuerdos (frecuentemente internos o espirituales) para intentar revertir o posponer el dolor de la pérdida. 4. Depresión / Tristeza profunda: Se experimenta la magnitud real de la pérdida de forma consciente. Aparecen aislamiento, apatía, llanto y una profunda sensación de vacío. 5. Aceptación: No significa estar “feliz” con la pérdida, sino aprender a vivir con esa nueva realidad. Se asimila el hecho, el dolor pierde su carácter abrumador y la persona comienza a reorganizar su vida y mirar hacia adelante.

Hoy en día no se limita a enfermos en fase terminal, sino que atiende cualquier tipo de pérdida significativa: divorcios, desempleo, amputaciones, migración o quiebras emocionales.

Su función principal es mitigar el sufrimiento inútil, promover el principio de autonomía en la toma de decisiones finales y facilitar la integración del duelo para evitar que se transforme en patológico.

Sirve como puente entre el dolor clínico y el ritual sociocultural. En México, la tanatología adquiere una función clave ante duelos complejos o traumáticos generados por contextos de violencia social, desapariciones o desastres naturales.

Instituciones de salud pública y universidades han integrado la tanatología en cuidados paliativos y diplomados, reconociendo que su aporte emocional a todos los involucrados en una perdida.

La tanatología ha dejado de ser “el arte de ayudar a morir” para convertirse en una disciplina pedagógica sobre cómo aprender a vivir. Su verdadera trascendencia radica en desmitificar el dolor y humanizar una pérdida significativa o una partida.

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