“Por qué juntos… somos más que dos”

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Ópticas Constructivas

Dr. Rogelio Díaz Ortiz

Una de las “experiencias” más complicadas en el actual día con día, es el establecimiento o cierre de una relación humana.

La velocidad con la que hoy se vive, valores del pasado y contra valores del presente, “necesidades” personales, códigos de comunicación, cantidad de información que “procesar”, estereotipos “importados” de otras latitudes y la permanente competencia por ser, saber y tener son elementos que hacen de las relaciones humanas un proceso “complejo”, de resultado incierto, irrelevante para algunos y vital para otros.

La relación humana se puede presentar de manera espontánea o provocada, por necesidad o deseo de convivencia.

Lo ideal, sería que las relaciones humanas iniciarán con el establecimiento de comunicación efectiva, un guiño, una sonrisa, un gesto que genere empatía.

Un saludo de buenos días, la petición de un servicio solicitándolo por favor y un genuino gracias después de recibir cualquier tipo de atención.

Algunos sociólogos y antropólogos señalan que existen, al menos, seis tipos de diferentes interacciones a las que se les puede identificar como variantes de las relaciones humanas. Ellas son las que se desarrollan con familiares, conocidos, amigos, parejas románticas y/o sexuales, compañeros de escuela o trabajo.

Las relaciones humanas son fundamentales para la creación de ambientes de convivencia social, equipos de trabajo, equilibrio familiar, establecimiento de misión, visión y valores en una empresa o grupo social.

El éxito en las relaciones con los demás se expresan con cordialidad, respeto, comprensión, tolerancia, identificación de

afinidades, escucha activa, establecimiento de metas en común,

desarrollo y paz social.

Pensar diferente no significa confrontación, representa el enriquecimiento de la visión colectiva y la oportunidad de avanzar hacia la meta, la mejor sociedad en el mundo es la que sabe que la cooperación genera mejores resultados que la competencia sin valores ni límites.

El problema es que desde muy pequeños aprendemos a que “debemos competir y ganar” pero la mayoría de las veces “olvidan” enseñarnos que la competencia no significa el triunfo a como dé lugar, sino que debe basarse en principios y valores humanos, que NO significa destruir al oponente, ni imponer criterios absolutistas, sino representa poner lo mejor de cada uno para contribuir a la construcción de una sociedad sana, exitosa, unida, en paz y feliz.

Hoy en día, muchos han olvidado el dirigirse a los demás por su nombre al sustituirlo con apodos, ceder el paso a un anciano, el asiento a una mujer embarazada o ayudar a un discapacitado que requiere un servicio o cruzar la calle.

Desconocemos el nombre de nuestros vecinos, olvidamos respetar las cocheras o lugares reservados para personas con alguna necesidad de apoyo especial, no se respeta al peatón ni aplicamos los lineamientos de tránsito al circular en automóvil, bicicleta, escúter o motocicleta. La prisa por vivir es tal que las relaciones humanas se han convertido, para muchos, en un recurso “estorboso”, sin valor, desechable y por tanto sustituible a la menor provocación.

Podemos mejorar las relaciones humanas cuando mantenemos un diálogo abierto, sincero y constructivo con los demás.

Cuando intentamos comprender los sentimientos y puntos de vista de los otros, en un ejercicio real de unidad en la diversidad.

En el momento en que se establecen relaciones basadas en la confianza, la igualdad y el respeto.

Si utilizamos las diferencias y desacuerdos como oportunidades para aprender otra forma de ver y solucionar un problema, para analizar, polemizar e incluso discutir de forma constructiva.

Todo ello, tendrá posibilidades de éxito, si mostramos interés por el entorno y la sociedad en su conjunto, demostrando con hechos interés y apoyo hacia los demás.

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