Francisco López Guido
Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
Cuando hablamos del tiempo, el tema puede tener múltiples definiciones e interpretaciones.
Algunos afirman que es una “herramienta” para medir la duración o separación de acontecimientos.
Le otorgan como parámetros el pasado, el presente y el futuro, su unidad es el Segundo, al cual se puede medir en un cualquier cronometro o reloj.
El tiempo también tiene una importancia social significativa, hay quienes afirman que “el tiempo es oro”, estudian, analizan y programan su día a día en función de cada instante y segundo. Todo ello, bajo el principio de utilidad o pérdida económica.
Para otros, el tiempo tiene un sentido especial al relacionarlo con la edad en este plano físico, su limitación y durabilidad.
Hay quien gusta de elaborar “líneas del tiempo” para representar gráficamente los momentos históricos de una persona, familia o sociedad.
El interés por establecer formas y crear instrumentos para medir el tiempo son de uso muy antiguo, se han generado en prácticamente todas las culturas del planeta.
Platón concibe el tiempo como una “imagen móvil de la eternidad“, que se desarrolla de forma cíclica y es medido por el movimiento de los astros.
Se comenzaron a medir los movimientos de los astros dando origen a la astronomía apareciendo instrumentos como los relojes de sol, agua y de arena.
Posteriormente se crearon cronómetros y “segunderos” hasta evolucionar al denominado reloj atómico, regido bajo el principio que cuenta las vibraciones del átomo del elemento Cesio para hacer un “Tic”.
El día tiene 24 horas, 1440 minutos y 86,400 segundos que muchas ocasiones son “desperdiciados” en juntas y reuniones innecesarias, en discusiones vanas, en atender lo “urgente” olvidándonos de los importante, en albergar sentimientos negativos que nos dañan, en postergar el encuentro con lo que nos hace felices pensando que las personas que amamos siempre estarán para el momento que tengamos tiempo.
En apariencia el tiempo “trascurre” diferente, según lo vea un enfermo terminal, una mujer embarazada, un atleta, un adolescente o un adulto mayor.
Se dice que es un tesoro personal que cada uno recibimos al nacer, que su uso es nuestra total responsabilidad, que es un bien irrecuperable, que solo hay una cosa más preciosa que él… como y con quién la gastamos. Por ello, coincidimos con quienes pregonan que el mejor regalo que puedes recibir de otros es su tiempo.
Tenemos conciencia de que en el cuerpo físico que actualmente poseemos, solo viviremos una vez, por lo que el tiempo se convierte en un activo apreciado y único.
Desperdiciamos mucho de él, brindándole atención a hechos, sucesos y personas que no lo aprecian. De ahí, que debemos ser buenos “administradores” de cada segundo y elegir como deseamos hacer que nuestro día a día sea significativo, satisfactorio, útil y trascendente.
Con soberbia creemos, que podemos dejar para mañana, el decir a nuestros seres queridos que los amamos y valoramos, estamos seguros que estarán para siempre y perdemos la oportunidad que nos brinda el ¡aquí y ahora!
He aprendido, que es perder el tiempo angustiarse por el pasado ya que este ya trascurrió, lo lamentable que es estresarse por el futuro que aún no ha llegado y en contraste lo vital que es aprovechar hoy, cada momento e instante con intensidad y lo mejor posible.
Norman Cousins nos legó este pensamiento: “La gran tragedia de la vida no es la muerte, la gran tragedia es lo que dejamos morir en nuestro interior mientras estamos vivos”.
Leí un artículo en el que se afirma que… “El tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos.
Mi querido amigo y maestro Jorge Calderón Ramírez me repitió en varias ocasiones que “El hombre se hace viejo muy pronto y en contraste sabio muy tarde”, siempre me reto a cambiar esta afirmación en mi vida personal.
Por todo ello, hoy he elegido buscar dosificar cada instante y momento de vida, hacerlo trascendente, feliz y agradecido por todo y por tanto que la vida nos ofrece.
Alguna vez pregunté: ¿Cuál es el mejor momento para realizar el viaje de mis sueños?, la respuesta de mi interlocutor fue contundente… hoy.
Querido escucha o lector, “Toda la vida es ahora … ¡!mañana puede ser demasiado tarde!!”.




