Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Diaz Ortiz
En unos cuantos días, la sociedad de todo el país festejará las fiestas de Halloween y de manera contrastante celebrará los días de las ánimas y los muertos.
La festividad conocida contemporáneamente como Halloween hunde sus raíces históricas en el antiguo festival celta de Samhain, celebración que marcaba la transición entre la época de cosecha y el inicio del invierno.
Los celtas concebían que durante la noche del 31 de octubre la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía porosa, permitiendo que los espíritus, hadas y ancestros vagaran libremente sobre la Tierra. Para protegerse de entes malévolos o aplacar a las fuerzas de la naturaleza, la población encendía grandes hogueras, utilizaba máscaras elaboradas y dejaba ofrendas de alimentos en las puertas de sus casas.
Con la expansión del cristianismo por las Islas Británicas durante los siglos VIII y IX, la Iglesia procuró asimilar estas costumbres paganas reconfigurando el calendario litúrgico.
El papa Gregorio III consagró el 1 de noviembre como la solemnidad de All Hallows’ Day (Día de Todos los Santos), convirtiendo la víspera del 31 de octubre en All Hallows’ Eve, expresión que evolucionó lingüísticamente hacia la palabra Halloween.
Las migraciones masivas de irlandeses hacia los Estados Unidos, trasladaron estas prácticas al continente americano. En su nuevo entorno, la tradición se transformó gradualmente hasta convertirse en una celebración secular centrada en el entretenimiento infantil, el disfraz, el coleccionismo de dulces y la adopción de símbolos icónicos como las calabazas talladas.
El Día de Muertos y la conmemoración de los Fieles Difuntos es una tradición profundamente arraigada, cuyo exponente más representativo a nivel global es el sincretismo cultural vivido en México.
Tras el proceso de evangelización novohispana, el diálogo entre la cosmovisión indígena y la liturgia católica dio lugar al ritual contemporáneo. La festividad adquiere el significado de una reunión espiritual temporal donde los vivos reciben a las ánimas de los difuntos con alegría y veneración. A través de la estructura sagrada del altar u ofrenda, se disponen elementos cargados de simbolismo:
Flores de cempasúchil: Cuyo color y aroma guían los pasos de las ánimas hacia el hogar. Copal e incienso: Para purificar el espacio de energías adversas. Agua y sal: Destinados a calmar la sed del espíritu tras su viaje y proteger su esencia. Pan de muerto, platillos tradicionales y fotografías: Ofrecidos como muestra de afecto para alimentar la memoria y la identidad familiar.
Las festividades de Halloween perciben a la muerte y los espíritus desde la aprensión, la ficción o el misterio. Muestra una vertiente lúdica enfocada al miedo o al entretenimiento. Los seres del más allá deben ser ahuyentados, pacificados o representados simbólicamente con disfraces. Existe un predominio de calabazas talladas, colores obscuros (negro, naranja), disfraces de monstruos o personajes pop y recolección de dulces.
En tanto que, el día de los muertos es concebido desde el respeto, la memoria y la solemnidad festiva. Se celebra la presencia simbólica de los familiares difuntos. Las almas de los seres queridos son esperadas como invitadas de honor para compartir alimentos y recuerdos. Se manifiesta con la colocación de altares escalonados, caminos de flores de cempasúchil, papel picado, calaveras de azúcar, copal y veladoras.
Halloween: Es un motor comercial masivo a nivel global. Genera ingresos multimillonarios para la industria del entretenimiento, disfraces, confitería, artículos de decoración y turismo nocturno.
Día de Muertos: Representa una derrama económica trascendental para sectores agrícolas, gastronómicos y artesanales Así mismo, impulsa el turismo cultural nacional e internacional hacia regiones con rituales emblemáticos.
Halloween: Promueve dinámicas de cohesión vecinal a través de actividades lúdicas infantiles y la interacción en espacios públicos o eventos masivos.
Día de Muertos: Refuerza los lazos intergeneracionales y la transmisión del patrimonio oral. Las familias se reúnen alrededor de la elaboración del altar y el acondicionamiento de los panteones.
Sin duda, Halloween y el Día de Muertos representan dos respuestas culturales distintas ante el enigma universal de la finitud humana.
Más allá de sus diferencias formales o comerciales, ambas festividades demuestran que las sociedades necesitan momentos marcados en el calendario para confrontar sus temores ancestrales, rendir culto al tiempo y mantener vivo el hilo intangible que une a los vivos con sus antepasados.




