Dr. Rogelio Díaz Ortiz
La etimología de EDUCACIÓN proviene de las palabras educare que significa instruir, formar y de educere que se traduce como potenciar el interior.
En los últimos días, fue tema internacional la intención de la Secretaria de Educación Pública de adelantar a la primera semana del mes de junio el cierre del ciclo escolar 2025 / 2026.
El móvil de esta intención fue señalar el calor y la realización en nuestro país de algunos partidos del mundial de fútbol.
Con ello, los infantes tendrían aproximadamente 12 semanas de receso en su formación en las aulas, lo cual afectaría los conocimientos adquiridos y los que se darían por vistos.
Vale la pena recordar que, la educación es un proceso integral, responsable, social y continuo que facilita la construcción de conocimientos, habilidades, valores y hábitos.
William Glasser describió de manera precisa como aprende el cerebro humano y lo ejemplifico con una pirámide, asignando los siguientes valores: 10% al leer; 20% escuchando; 30% viendo; 50% escuchando y viendo; 70% conversando, preguntando, repitiendo, relatando, reproduciendo, recordando, numerando, definiendo y debatiendo; 80% al escribir, interpretar, traducir, expresar, revisar, identificar, comunicar, ampliar, utilizar, demostrar, catalogar y practicar; 95% al explicar, resumir, estructurar, definir, generalizar, elaborar e ilustrar.
Lo anterior, muestra lo simple pero complejo a la vez, del proceso de aprender, por lo que se requiere constancia, disciplina, orientación y guía para hacerlo de manera correcta, óptima y útil.
Según la UNESCO, los 4 pilares de la educación, son los fundamentos esenciales para el aprendizaje a lo largo de la vida y el desarrollo integral, ellos son: conocer, hacer, convivir y ser.
Como consecuencia la educación no es solo un verbo, representa descubrir, atender, compartir, cuidar, observar, experimentar, indagar, inspirar, orientar, transmitir y muchas cosas más.
No puede estar sujeta a caprichos ni interpretaciones, a siglas o colores, a sucesos que, aunque pudieran ser importantes para algunos, se eclipsan ante el interés general.
Por todo ello, es que se entiende el encendido reclamo de educadores de vocación, padres de familia, gobiernos responsables y hasta del sector empresarial.
Ya es un reto, de por sí, que cada año al anunciar el calendario escolar, este se cumpla en cantidad y calidad.
Quienes aspiraban a mutilar el ciclo escolar, NO tomaron en cuenta la afectación a la cotidianidad laboral de padres y madres de familia que tienen programada la presencia de sus hijos en las aulas y tendrían que dejar a sus hijos en casa o al cuidado de terceros.
Por supuesto, quienes pagan una colegiatura reclamaron se suspendiera cualquier tipo de cobro por el tiempo que se pretendía recortar.
Quienes ofrecen servicio de transporte escolar, papelerías, librerías, cafeterías y demás involucrados en el día a día del sector escolar, también reclamaron afectación económica por tal pretendida medida.
Bajo un escenario de incertidumbre y conflicto la asociación de escuelas particulares anunció que no acataría esta medida y que respetaría el 15 de julio como fecha de cierre del ciclo escolar.
Algunos gobiernos estatales manifestaron su inconformidad y mencionaron que ellos no cambiarían la fecha pactada por un calor o un mundial.
Ante un ambiente cada vez más hostil y dividido, propios y extraños habrán de reconocer que en un ejercicio de sensibilidad, autoridad y liderazgo la presidenta de la república evitó que la medida se hiciera realidad.
Al final de todo, el titular de la SEP dio marcha atrás y anunció que
se respetaría el calendario escolar aprobado para el ciclo 2025 –
2026, dejando muchas dudas su actuar y hasta el “sospechosísimo” de algunos, que afirman que todo era una cortina de humo y un distractor.





