Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
El mes de diciembre suele ser diferente a los demás, se “ablandan” los corazones, las emociones afloran, los afectos y la familia se magnifican, así como nuestra “cercanía” con el Creador.
Un año más está cerca de concluir, por lo que muchos hacen un recuento de logros alcanzados, en tanto que otros se disponen a refrendar su habitual ejercicio de buenas intenciones para el próximo año.
El ansiado aguinaldo y las vacaciones decembrinas le dan un toque especial al décimo segundo mes del año.
Mercadólogos y prestadores de servicios utilizan sus mejores estrategias para que la proclividad al consumo de los mexicanos se exprese de manera contundente y no se “tiente el corazón” en gastar, gasta y gastar.
Se evalúan planes y metas, logros y fracasos, presentes y ausentes, pero todos nos preparamos a disfrutar de una de las épocas más festiva y apreciada en el mundo, en donde se amalgaman sentimientos y emociones, espiritualidad y religión, mercadotecnia y gratitud.
La inflación y la crisis económica, en lo general, no será obstáculo suficiente para que, en la medida de las posibilidades de cada quien, se expresen amistad, amor y solidaridad con obsequios, sonrisas, abrazos y todo tipo de festejos.
Los estragos emocionales causados por la violencia, pobreza e inseguridad cederán su “protagonismo”, por días u horas, a la fe, el amor, la esperanza y la convivencia.
Algunos se darán la oportunidad de “aprovechar” estas fechas, para diluir supuestos y malos entendidos, para perdonar cualquier afrenta y restablecer comunicación con quienes en algún momento formaron parte de los afectos cercanos y que hoy se encuentran lejanos.
Diciembre nos da la oportunidad, una vez más, de reconocer que el tiempo perdido jamás podrá ser recuperado, así que, si aprendimos la lección, usémoslo con responsabilidad e inteligencia para hacer todo aquello que nos hace felices.
En el balance final, seguramente estará presente la reflexión sobre la fragilidad del tiempo, la salud y las personas. Con pesar y en ocasiones con dolor, constatamos que ninguna persona es eterna, creímos con soberbia que nuestros amigos y familiares siempre estarían para nosotros en el momento que así lo quisiéramos, pero alguno de ellos, se fueron durante el trascurrir de los últimos meses.
Esta gélida pero festiva época, nos proporciona mil excusas para llamar, escribir o visitar a quienes nos complementan, amamos y nos hacen felices.
No basta saber que nosotros queremos o apreciamos a alguien, es necesario manifestárselo con respeto, cariño y tolerancia.
Hagamos una tregua emocional y enfoquémonos en lo mejor de la vida, identifiquemos las cualidades de quienes nos rodean, demos un salto de fe para construir paz, armonía, respeto y amor en nuestro entorno.
Seamos prudentes en nuestros gastos para evitar padecer la crudeza de la “cuesta de enero”, seamos generosos en la intención de apertura, convivencia, fraternidad y perdón.
Agradezcamos todo lo que llegó y todo lo que se fue, enfoquemos nuestra gratitud en lo mucho que nos sobra y evitemos magnificar nuestro reclamo por lo que aparentemente nos hace falta.
Limpiemos nuestro corazón de toda oscuridad, para que ahí se aloje amor, felicidad, empatía por los demás, gratitud, fe y esperanza.
En fin, diciembre ha llegado y avanza con gran celeridad, así que disfrutemos de la iluminación escénica de calles y plazas, de los adornos y árbol navideño, del saludo y abrazo de nuestros afectos, de las posadas, la especial gastronomía y anfitrionia que suele hacer de este mes uno de los más esperados del año.




