“Dedicado al niño interior que habita en nuestro corazón”

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Ópticas Constructivas

Dr. Rogelio Díaz Ortiz

El día 30 de abril se festejará por los cuatro puntos cardinales del país a quienes representan candor, inocencia, fantasías, esperanza, confianza e ilusiones.

Los niños y niñas son uno de los tesoros más valiosos de la sociedad, “son diamantes sin pulir” que encierran una extraordinaria oportunidad para hacerles brillar, representan una gran responsabilidad al “entender” que aprenden del ejemplo y no del discurso.

En 1952 UNICEF y OEA dieron a conocer la denominada declaración de los principios universales de los niños cuyo propósito fundamental es protegerles de la desigualdad y el maltrato.

Para algunos es más importante resaltar si se debe mencionar que se festeja a niños y niñas o si puede quedar el viejo concepto integrador del “Día del niño”, otros más creen que debe cambiar su nombre a “Día de las Infancias”.

Lo relevante del festejo debe ser recordar la importancia de proteger los derechos de la infancia, como el acceso a la educación, la salud y una vida digna. Sin olvidar, cuidarlos de entornos de pobreza, exclusión o violencia, sin menoscabo de generar acciones que garanticen su bienestar integral

Nuestro transcurrir por este plano físico esta “marcado” por el cambio en la percepción de la dimensión tiempo.

Los principios naturales que dicen que cada ser “Nace, crece, se reproduce y muere” son demasiado sencillos para definir el valor de cada respiración, la sinfonía de cada latido y la concreción de lo que inicio como un sueño para culminar como una realidad.

El mítico Walt Disney afirmó que envejecer es una obligación y que crecer es opcional, en clara alusión a que la edad se instala en la mente de las personas y no necesariamente corresponde a una etapa cronológica.

Cada ser tiene una historia que contar de lo que fue su infancia, ahí se encuentra el origen de su comportamiento, logros y fracasos, actitud, forma y manera como enfrenta la vida.

Los niños NO tienen miedo de equivocarse, sonríen al aprender o descubrir algo “nuevo”, creen en las promesas, en la visita de Santa Claus y la llegada de los Reyes Magos.

Un niño hace preguntas que aún el hombre más sabio no sabe contestar ya que ellos siempre saben lo que la mayoría hemos olvidado.

Por razones poco conocidas, conforme agregamos páginas del calendario nos olvidamos de reír, de preguntar el ¿porqué de las cosas?, limitamos nuestros sueños, dejamos de creer en las personas, magnificamos aparentes diferencias, hacemos de todo…procesos complicados, olvidamos el valor de la palabra y “callamos” a nuestro niño interior.

Exigimos escenarios de paz, hablamos de inseguridad y nos quejamos de manifestaciones discriminatorias, falta de inclusión, empatía y solidaridad, pero olvidamos la importancia de la congruencia, de enseñar y practicar valores en casa, la escuela y el entorno.

La consecuencia es una juventud desinteresada en el presente y sin deseos de compromisos con el futuro, con culto a lo inmediato, proclive a “desechar” sin remordimiento alguno cosas, personas, mascotas e incluso familia.

Los niños y niñas son los eslabones de oro que dan forma y razón de existencia a las familias, significan motivación para hacer de lo imposible un objetivo de crecimiento, son arcilla que espera ser “moldeada” a imagen y semejanza de sus creadores, hagamos de ella una pieza de arte que conjugue amor, seguridad, paz, risas y extremo amor.

Karl Menninger señalo de manera contundente: “El trato que se le da a los niños, es el que ellos luego darán a la sociedad’

Paulo Coelho escribió: “Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”

Sin duda, los adultos tenemos mucha tarea, iniciando por proteger a nuestro niño interior, dedicando con interés y estrategia la “edificación” de infantes seguros, pro activos, pacíficos, amorosos y felices. ¡¡¡En ello va el futuro de la sociedad!!!!

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