ÓPTICAS CONSTRUCTIVAS
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
Se llevó a cabo en la Unión Americana el proceso electoral de medio término de la administración que preside Donald Trump.
Esta acción posee una trascendencia geopolítica e institucional de primer orden. No se trata únicamente de un examen de mitad de mandato para la administración en turno, sino de un evento de reconfiguración de poderes que define el margen de maniobra de la Casa Blanca.
En estas votaciones se renovaron por completo los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado (33 o 34 escaños), además de gubernaturas estatales clave, legislaturas locales y numerosas medidas fiscales o judiciales.
El resultado le fue totalmente adverso a la administración del presidente Trump ya que el Partido Demócrata obtuvo la mayoría en el Senado y el Congreso, así como gobernaturas emblemáticas como Texas, California y Ohio.
Vale la pena recordar que el control del Congreso determina si el Poder Ejecutivo cuenta con un aliado dócil para aprobar presupuestos y leyes, o si se enfrenta a un contrapeso legislativo capaz de bloquear iniciativas, frenar nombramientos y abrir investigaciones exhaustivas.
Ejecutivo y Congreso tendrán que aprender rápidamente a trabajar “juntos”, ya que Trump mantiene el poder de vetar iniciativas que no sean de su agrado y podría provocarse una parálisis política y económica de repercusiones complejas.
Por otra parte, la relación bilateral de México con Estados Unidos cruza por ejes sumamente sensibles que dependen directamente del equilibrio en Washington:
Un Congreso con fuerte oposición puede presionar o condicionar la política arancelaria, endurecer las revisiones de reglas de origen
o exigir regulaciones más estrictas que impacten directamente las cadenas de suministro y las exportaciones mexicanas.
Adicionalmente, se debe considerar que las decisiones sobre presupuestos para control fronterizo, endurecimiento de deportaciones y cooperación binacional en materia de seguridad y combate al narcotráfico se debaten directamente en el Capitolio.
A escala global, el resultado electoral condiciona la política exterior estadounidense:
Las decisiones del legislativo influyen en el gasto militar, la postura frente a conflictos internacionales (como los frentes en Medio Oriente) y su consecuente efecto en los precios globales del petróleo y los energéticos.
Los compromisos internacionales en materia climática, acuerdos comerciales multilaterales y la asistencia exterior quedan supeditados a la correlación de fuerzas que domine el ala demócrata o republicana en el poder legislativo.
Con el resultado electoral, la administración federal verá limitada su agenda legislativa, obligándola a negociar cada partida presupuestaria y enfrentando constantes investigaciones parlamentarias.
Sin duda, veremos en los próximos días una redefinición de políticas públicas y correlación real de fuerzas en el centro político de la superpotencia norteamericana.
Para México y el mundo, los resultados delinean el tono de las futuras negociaciones comerciales, la rigurosidad de las políticas migratorias y la estabilidad de los mercados energéticos globales.
Más allá de las promesas de campaña, es la arquitectura del Congreso la que finiquita el verdadero alcance de las decisiones que impactan la vida económica y social transfronteriza.
Veremos el impacto que tendrá, dentro y fuera, la lección que el pueblo norteamericano ha dado en las urnas al gobierno autoritario de nuestro vecino del norte, sin olvidar que aún le restan dos años más de gobierno a la administración de Donald Trump.



