Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
Seguimos avanzando y soñando en la copa mundial de futbol, por lo que la cotidianidad del país ha pasado a segundo término.
Como válvula de una olla presto, las victorias logradas por el representativo nacional han eclipsado todo problema y señalamiento.
La fiesta por el mundial de futbol muy pronto concluirá, sin importar el resultado final, tendremos que volver a la realidad social, económica, en salud, seguridad y política en nuestro país.
Mientras la justa mundialista se desarrolla, los partidos políticos han empezado a “mostrar” sus estrategias, se han dado incontables licencias y separación de puestos políticos y gubernamentales, aparecen y desaparecen nombres, aspirantes, contrincantes y todo lo que conlleva un proceso electoral que sin duda será competido.
El próximo proceso electoral en México, se acerca cada día más, por lo que es importante que se recuerde que no es solo una cita con las urnas. Es un punto de inflexión que definirá el rumbo de nuestro país por los próximos años. En este escenario, el desafío más grande que enfrentamos no es elegir un color o una sigla, sino decidir qué tipo de convivencia queremos construir.
Hoy, más que nunca, es indispensable colaborar unidos, dejando atrás la polarización para privilegiar el bien colectivo.
Hace muchos años aprendí el valor estratégico que posee aplicar en el día a día el principio de la “Unidad en la diversidad”.
Alguno dirá que no se puede, sin embargo, en los últimos días hemos sido testigos de cómo se olvidan colores y preferencias particulares, playeras distintas han mutado a una sola camiseta, a una sola voz e identidad.
“México no es una sola voz, es un coro. Nuestra fuerza no radica en pensar igual, sino en caminar hacia el mismo rumbo compartiendo nuestras diferencias.”
El concepto de unidad en la diversidad nos recuerda que un país democrático no necesita uniformidad ideológica para avanzar. La pluralidad de ideas, historias y visiones de México es nuestra mayor riqueza.
Sin embargo, para que esa diversidad sea constructiva, requiere de requisitos indispensables: respeto mutuo, voluntad y el compromiso inquebrantable con el bienestar de todos los mexicanos.
Minimizar o diluir las diferencias ideológicas no significa renunciar a nuestras convicciones; significa entender que ninguna ideología puede estar por encima del proyecto de nación que compartimos.
Las decisiones tomadas en conjunto reflejan a la sociedad real, no solo a una facción. Reduce la crispación, el encono y la violencia verbal en las campañas y calles. Permite construir acuerdos que trasciendan los sexenios y resuelvan problemas estructurales.
Este llamado a la unidad parte de magnificar coincidencias, de respetar las diferencias y de privilegiar el bien común.
No debemos estar en constante debate sin reglas claras de diálogo, hagamos de esta elección un ejercicio de madurez cívica. Exijamos propuestas en lugar de descalificaciones.
Votar con libertad y convicción es nuestro derecho, exigir que quienes resulten electos gobiernen para todos, sin distinciones ni revanchismos es nuestra obligación.
Al final, cuando las casillas cierren y los votos se cuenten, el mapa electoral se pintará de distintas fuerzas, pero el suelo que pisamos seguirá siendo el mismo: México.
Mientras tanto, habrá que celebrar, pero sin descuidar el quehacer que se realiza en los Congresos y el Senado, en los gobiernos locales y en los partidos políticos.




