Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
Durante la presente semana, se cumplen 25 años de la acción conjunta de los gobiernos estatal y municipal expresada en el rescate del centro histórico de la capital michoacana.
Los Centros Históricos no son meros conjuntos de edificios viejos ni zonas arqueológicas estáticas; son el tejido urbano original donde se fraguaron identidad, pertenencia, arquitectura, cultura y los procesos sociales de una nación. Sin embargo, el crecimiento acelerado de las urbes modernas, la especulación inmobiliaria y el abandono residencial han puesto a estos espacios en una situación de vulnerabilidad crítica.
El rescate y la conservación de los centros históricos no es un capricho nostálgico o estético; es una necesidad urgente de supervivencia cultural y un motor de desarrollo sostenible.
Cuando la UNESCO otorga a uno de estos sitios la denominación de Patrimonio Cultural de la Humanidad, se activa un engranaje global que transforma por completo la dinámica del lugar, trayendo consigo repercusiones de índole cultural, económica, social y urbanística que reconfiguran su futuro.
La declaratoria obliga a los gobiernos locales y nacionales a implementar planes de manejo estrictos. Estos regulan desde la altura de las nuevas edificaciones y los materiales permitidos en las remodelaciones, hasta el control del tráfico vehicular y la contaminación visual.
Rescatar un centro histórico significa devolverle su función habitacional, social y económica, evitando que se convierta en un simple decorado de museo o, en el peor de los casos, en una zona de ruina y delincuencia.
Los monumentos, las plazas, fuentes y las calles son el libro de historia más grande que posee una comunidad. Perderlos es borrar las huellas de quienes nos antecedieron.
Reutilizar, ordenar y rehabilitar la infraestructura existente en los centros históricos evita la expansión descontrolada de las periferias urbanas, promoviendo ciudades más compactas y eficientes.
Históricamente, el centro de las ciudades ha sido el punto de encuentro democrático donde convergen todas las clases sociales. Su rescate permite recuperar el espacio público para el ciudadano.
El verdadero desafío del rescate no es “congelar” el tiempo, sino lograr que el pasado dialogue de forma armónica con las necesidades del presente, significa que tradiciones e historia no están confrontadas con avances ni tecnología, garantiza que el centro siga siendo un lugar para vivir, trabajar y convivir.
Con su rescate, Morelia se posiciono en el mapa del turismo cultural global. Con ello, aumento la ocupación hotelera y el consumo en restaurantes. Se crearon empleos directos e indirectos en los sectores de servicios, guías de turistas y artesanías. Atrajo inversiones privadas para la restauración de inmuebles históricos y la apertura de nuevos comercios. Accedió a fondos e incentivos fiscales internacionales específicos para la conservación del patrimonio.
Aunque la economía se dinamizo, el impacto social ha sido el más delicado de equilibrar. El aumento del valor de la tierra y de los alquileres ha causado gentrificación.
Se debe tener en cuenta que, si el centro histórico se llena exclusivamente de hoteles boutique, franquicias internacionales y viviendas de alquiler vacacional a corto plazo, pierde su autenticidad. El reto social radica en rescatar el espacio sin expulsar a sus habitantes tradicionales, manteniendo los barrios vivos, los mercados públicos y los oficios locales.
Para mantener el título, las ciudades se ven obligadas a modernizarse bajo criterios de sostenibilidad. Esto suele traducirse en la peatonalización de calles, la introducción de sistemas de transporte limpio, el soterramiento de cables eléctricos y la restauración de fachadas.
Proteger estos espacios es asegurar que las futuras generaciones puedan caminar por las mismas calles donde se construyó su historia, recordando que las ciudades que olvidan su pasado pierden la brújula de su porvenir.
En Morelia quedan muchas acciones por realizar, para hacer
eficiente, útil y trascendente el rescate de su centro histórico.
Por supuesto, es tarea conjunta de autoridades y sociedad, ya se pusieron de acuerdo en el pasado, hay que revitalizar este acuerdo para darle a Morelia presente y futuro.
Dedico estas líneas a Salvador Galván Infante, Enrique Villicaña Palomares y a todos quienes desde nuestro espacio participamos en esta histórica acción.





