“Es preferible vivir en paz que tener la razón”

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Ópticas Constructivas

Dr. Rogelio Díaz Ortiz

Hace unos días se celebro el “Día internacional de la paz”, por lo que es necesario realizar algunas reflexiones relacionadas a este trascendente tema.

Hablar de la paz significa una aspiración permanente, representa la esperanza de permanecer como especie, simboliza la posibilidad de magnificar coincidencias y la aceptación de la unidad en la diversidad.

En el macro comentario surge reflexionar sobre lo que acontece, desde ya bastante tiempo, en la denominada Franja de Gaza o en Ucrania, África, Centro América e incluso en nuestro país.

Con cierto desdén, escuchamos a diario las noticias sobre las consecuencias del enfrentamiento bélico, observamos en redes sociales desgarradoras escenas causadas por la hambruna, la inseguridad y la muerte.

Quizá porque algunos consideran que las latitudes enumeradas se encuentran muy lejos de su entorno y creen que no se afectan de manera alguna.

Otros ven en cada conflicto la oportunidad de hacerse de bienes o capitales económicos al precio que sea, poniendo en su piel y oídos “capas” de indiferencia y avaricia.

Por supuesto, no es necesario salir de nuestras fronteras para enterarnos día con día de enfrentamientos verbales, físicos y con armas por los cuatro puntos cardinales de nuestro querido México.

Pareciera que predominan las diferencias sobre las coincidencias, los anti valores sobre los principios básicos de convivencia, fraternidad, tolerancia y respeto.

Entre las múltiples secuelas que dejo la pandemia, se encuentra el despertar del “cuerpo emocional” por lo que los psicólogos, logos terapeutas, tanatólogos, psiquiatras y demás especialistas relacionadas con las emociones se han convertido en urgente apoyo para muchos.

Está plenamente identificado que hoy quienes deambulamos por el planeta padecemos de ira, lo cual explica nuestra inmediata respuesta con violencia ante el más pequeño estímulo a nuestra persona.

El sonido de un claxon, el rebase inesperado de un auto, bicicleta o moto, generan intercambios de malas palabras, reto a los golpes y en no pocas ocasiones a verdaderas agresiones con armas de todo tipo.

Los niveles de tolerancia han cedido para dar paso a los gritos, reclamos y prepotencia, haciendo difícil, desechable y peligroso el establecimiento de comunicación efectiva, convivencia y paz.

Muchas personas salen de sus casas buscando, no quien se las hizo sino quien se las pague, mostrando la parte más oscura del hombre.

Se ha fraccionado a la sociedad e incluso se ha intentado modificar el lenguaje para referirse a las personas en sub grupos, géneros, categorías y calificativos, alejándonos del sentido común, el amor al prójimo y el respeto por la vida.

Hablamos de paz, pero nos negamos a escuchar a quien piensa diferente, se estigmatiza, segrega y señala a todos aquellos que, sin conocerlos, nos generan desconfianza, celo, envidia y total falta de empatía.

La paz inicia en cada uno de nosotros, se expresa en nuestras acciones y en la forma en que tratamos a los animales, plantas, personas, compañeros, pareja, familia, conocidos o amigos.

La paz debe dejar de ser solo discurso, para transformarse en un plan de vida integral, en un diario ejercicio del que emerja lo mejor de cada uno de nosotros, en el que aceptemos que pensar diferente enriquece la visión colectiva de la sociedad y no debe ser excusa para dividir, atacar, menospreciar, herir, lastimar o matar.

En Morelia evocamos con nostalgia, las emotivas concentraciones en torno a la Bandera de la Paz, la presencia de su presidenta internacional Alicia Rodríguez Fernández, el programa de acciones tendientes a cicatrizar el tejido social, al “hermanamiento” con nuestros semejantes y a la construcción diaria de eslabones de identidad, pertenencia, respeto e igualdad con todos nuestros semejantes.

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Revista Rosalva
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