Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
El 16 de septiembre siempre ha sido un día “especial” en mi vida, lo anterior más allá del exacerbado sentimiento de identidad, pertenencia y orgullo que “provoca” esa fecha en todos los mexicanos.
Desde el lugar en donde se “asoman” mis recuerdos, aparece desde muy temprana edad el festejo que con esmero preparaba mi madre, para “consentir” a mi padre y a mí por llamarnos Rogelio.
La casa se llenaba de listones tricolores, arreglos florales, deliciosos aromas e imborrables sabores. Por supuesto, con la “obligada” asistencia de todos quienes integrábamos a la familia Díaz, ya que no había excusa alguna que justificara la ausencia.
Con el transcurrir de los años, el festejo creció en el número de asistentes, por lo que migro su sede al bosque ubicado en el kilómetro 23 de la carretera a “mil cumbres”. En automóvil, bicicleta y autobús nos trasladábamos a ese lugar “cargados” de jovial entusiasmo y listos para participar en reñidos partidos de futbol y beisbol, sin que faltará el “obligado” paseo montando en caballo.
El surgimiento del Círculo de Estudios Génesis enriqueció, aún más, el número de comensales, amigos y familiares, que en caravana se daban cita cada 16 de septiembre para disfrutar de la gran gama de platillos, bebidas y postres que todos compartíamos.
Auspiciado por mi familia, secundado por amigos, compañeros e incluso alumnos, se agregó a la tradición, recibir el canto de las “mañanitas” en la fachada de mi casa paterna, a muy temprana hora.
Propios y extraños nos “apropiamos” de esta fecha para agregar eslabones de amistad, medir nuestro avance escolar o profesional, soñar con el futuro y gozar intensamente ese presente.
Al “separarme” de la casa de mis padres, para formar mi propia familia, el festejo no se suspendió sino se enriqueció con nuevos
presencias y afectos, con un encuentro “intimo” familiar que convirtió esta fecha, en una de las más significativas e importantes en el año.
La llegada al hogar de mis hijos, le dio especial significado al disfrutar apagar las velas de los diferentes pasteles que ahí se degustaban, al participar en sus primeros pasos o “paseos” a caballo, al formar parte fundamental de la atención de todos los asistentes.
De esta manera, llegó el momento en que festejamos a tres
representantes de generaciones con el nombre de Rogelio.
Hace casi dos décadas, todo cambio al enfermar mí Mama, aunque su deseo de festejarme jamás menguo, su fuerza física y vitalidad lo limito hasta que finalmente se extinguió.
La reunión y el festejo se eclipsó, se transformó en “dolorosa” evocación de quien fue su impulsora y “corazón”, por lo que inicie el encuentro de oportunidades para ausentarme ese día de Morelia.
El festejo se trasladó a otras latitudes, con grupos muy reducidos y con solo dos Rogelio(s), mi hijo y un servidor.
De manera providencial me surgieron oportunidades, nunca imaginadas, para “vibrar” al ondear la bandera nacional, entonar su himno y realizar la arenga de independencia, en representación de México, en lugares como Kansas City, Missouri; Collage Station, Texas y Norwalk, California.
En una ocasión, en compañía del Maestro Bernardo Bautista Hernández, desplegamos la bandera nacional y motivamos a todos los pasajeros, en pleno vuelo internacional, para cantar el himno nacional y festejar las fiestas patrias.
Congresos, conferencias, talleres y paneles académicos me han dado la excusa perfecta para NO estar en Morelia el 16 de septiembre.
A iniciativa de mi esposa, cuando coincide nuestra estancia en Morelia el día 15 de septiembre, prepara unas deliciosas enchiladas que nos gratifican a los presentes y consiente de manera especial a mi nieto Patricio.
Este año, decidí estar en casa para dar la bienvenida al festejo a mi nieto Rogelio, por lo que otra vez tres generaciones con ese nombre fuimos festejados.
Desde el fondo del corazón, agradezco las incontables, ricas y apreciadas felicitaciones, llamadas, mensajes, “mañanitas” digitales, correos electrónicos y visitas, de parte de todos aquellos, que al igual que yo, recordamos con cariño aquellos inolvidables 16 de septiembre.






