“Lo que plantes ahora, lo cosecharás más tarde”

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Ópticas Constructivas

Dr. Rogelio Díaz Ortiz

Og Mandino En el extenso e inacabo tema de liderazgo se analizan procesos, personas en lo individual y equipos de trabajo.

Uno de los temas siempre debatidos es el que se relaciona con el denominado “Poder de referencia”, el cual tiene diferentes interpretaciones.

En liderazgo se dice que deriva de cualidades personales, que se gana y no se impone, que es el resultado de un proceso y que no necesariamente es rápido, es consecuencia del carisma y los valores.

Se afirma que para consolidarlo y ejercerlo con eficiencia es necesario escuchar más que hablar; otorgarle absoluta confianza al equipo de trabajo, fomentando auto estima, responsabilidad y el deseo de que cada acción sea ejecutada lo mejor posible.

La congruencia es vital en la construcción del poder de referencia, por tanto, siempre deberá “predicarse” con el ejemplo, sin que haya excusa alguna para no hacerlo.

Es fundamental crear un ambiente laboral de colaboración, estando siempre con la “mente abierta” a nuevas ideas, formas, ritmos y preferencias que enriquezcan el trabajo y permita la construcción de metas comunes exitosas y trascendentes.

Nunca se debe olvidar motivar y reconocer, aprendiendo y corrigiendo los errores para convertirlos en productivo aprendizaje, aplicando el viejo dicho de “felicitar en público”, así como “cuestionar” y en su caso hacer un llamado de atención en privado.

Considerar la importancia que posee generar empatía y comprensión, sin que ello represente trasgredir limites, jerarquías y confianza.

El líder tiene el compromiso de apoyar y de ser necesario, “defender” a su equipo, sin menoscabo de tratar a cada uno de sus integrantes igual que a los demás.

Se afirma que el poder de referencia está relacionado con la influencia, admiración y reconocimiento que se genera en un equipo, familia, entorno social, empresarial, político y deportivo.

Por tanto, “algunos” lo otorgan a los familiares, compañeros y amigos como si fuera un bien que se puede trasferir o heredar.

De esta manera, el individuo “obtiene” beneficios que no necesariamente merece, así como también críticas y rechazo que tampoco “merece”.

Esto suele favorecer el camino para algunos o complicarlo, sin entender por qué.

Se les exige de más y se les compara o eclipsa sus limitaciones por el “simple” hecho de provenir de un liderazgo admirado o denostado.

Hay quien supone que llevar el mismo nombre o apeido significa poseer las mismas cualidades o defectos, se estigmatiza y en ocasiones se “obliga” a tomar decisiones vocacionales, laborales o profesionales por este hecho.

Las “relaciones personales” prevalecen sobre cualquier atributo o carencia, pervirtiendo la interpretación del poder de referencia.

Algunos “cobran” afrentas a quien no se las causo, pero se “justifican” al ubicarle como “cercano” y proveniente de la referencia que causo su malestar.

Por tanto, el poder de referencia debería considerarse como un bien estrictamente personal o del equipo generador, intransferible, creíble, evolutivo y sustentado en valores.

NO se debe olvidar que cada persona en un individuo único e irrepetible, con virtudes y defectos, que merece la oportunidad de mostrarse como tal, sin que origen, siglas, colores, logos o apeidos le “marquen” ni obliguen a nada que no pueda lograr a través de su propio esfuerzo.

Sin duda, el tema de liderazgo ha sido, es y será siempre apasionante.

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Revista Rosalva
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