Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
Si quieres conocer a tus hermanos, necesítalos
En reciente plática con algunos amigos “intentamos” describir nuestra personal concepción de afecto, hermandad y amistad.
El proceso no fue sencillo, cada uno de los participantes tenemos conceptos personales, entendiendo que derivan de vivencias, valores, tradiciones y visión cultural.
Coincidimos en que la familia sanguínea es un patrimonio legado directamente por el Creador, no admite preferencia, cambios, ni queja, es la alineación que se nos dio para enfrentar la vida.
Los hermanos sanguíneos tienen en común a sus padres o al menos a uno de ellos, costumbres, tradiciones, convivencia y la mayoría de las veces la misma educación.
Sin embargo, no es garantía de empatía total, lealtad a ciegas o planes en común. No en vano, dice alguien por ahí: “Es lo que hay… y podría ser peor”.
Es responsabilidad de los padres fomentar principios de identidad, pertenencia y orgullo de familia que permitan que la hermandad sanguínea trascienda a un sentimiento de amor, comprensión y apoyo incondicional, sin ventaja para nadie, reconociendo individualidad, pero unidad y compromiso en la diversidad.
En contraste, se nos dotó de total libertad para elegir a nuestros amigos, los cuales se convierten en algunos casos, con el paso del tiempo y las acciones, en hermanos de vida que comparten nuestros sueños, son “cómplices” en nuestra cotidianidad, nos brindan un abrazo para manifestarnos su apoyo en momentos de alegría o dificultad, descansamos sobre su hombro para enjugarnos una lagrima y nos hacen sentir que siempre están o estarán presentes en los momentos trascendentes de nuestra existencia.
Este tipo de “hermandad” suele ser en extremo selectiva y escaza ya que compromete, de ambas partes, confianza, lealtad, tolerancia, sinceridad, intereses comunes y respeto.
Considero que esta hermandad, es parte del proceso evolutivo de la amistad, no esta condicionado a sexo, religión, posición económica, grado académico ni ideología de ningún tipo ya que magnifica siempre coincidencias y diluye cualquier aparente diferencia.
Esta variedad de “Hermanos” nos hablan con la verdad y no con lo que “deseamos” escuchar, señalan nuestros errores, pero nos disculpan sin condición alguna, no compiten con nosotros sino nos complementan, ven el perdón desde el corazón y no desde la razón.
La ocasión me es propicia para levantar la vista al cielo y agradecer al Creador por su infinita generosidad al otorgarme a mi alrededor, al extraordinario tesoro que son mis hermanos Eduardo y Margarita, sin que olvide, sino magnifique a PERITA, quien desde su morada en el cielo esta siempre presente en mi vida.
Desde el fondo del corazón y la luz de la inteligencia agradezco al valioso y reducido número de seres humanos a los que considero mis amigos y en algunos casos “Hermanos”.
Expreso a ellos y ellas mi gratitud por su paciencia y tolerancia con
mis muchas imperfecciones.
Reconozco en todos ellos un tesoro que merecido o no me ha otorgado el Creador y que me ocuparé en cuidarle con responsabilidad y pasión hasta el último aliento en este plano físico y de ser posible siempre en cualquier lugar en el que me encuentre.




