Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
El próximo día 15 de agosto se realizará en la plaza principal de la Tenencia de Santa María, de la ciudad de Morelia, una edición más del festival gastronómico denominado “Feria del Mole”.
Durante muchos decenios, al menos del siglo pasado, era una costumbre visitar la loma de Santa María y todas sus pequeñas comunidades.
Lo mismo para disfrutar de su, entonces, prolífica naturaleza que incluía bosque, arroyuelos, “caídas de agua”, incontable cantidad de especies animales y vegetales.
Practicar ciclismo de montaña, senderismo y campamentos al aire libre, todo ello bajo un ambiente de seguridad, paz y armonía con la naturaleza.
Todo lo anterior, complementado con la rica oferta gastronómica en la que no podían faltar mole, arroz, carne asada, corundas, uchepos, elotes asados, tortillas “auténticas” de comal, pulque, aguamiel, agua de sabores y en algunas ocasiones mezcal.
Aunque estas actividades se podían realizar en cualquier época del año, era una costumbre que evoluciono a tradición acudir el día 15 de agosto a la gran verbena organizada para festejar a la Virgen María.
Este hermoso paraíso no paso desapercibido por quienes aman la naturaleza y la sana convivencia social por lo que se empezó a poblar de residentes, en su mayoría jubilados norteamericanos que encontraron un espacio “bueno, bonito y barato” para vivir.
Inversionistas nacionales y extranjeros encontraron en este bello paraje la oportunidad para instalar hospitales, centros comerciales, residencias campestres, torres de edificios, universidades, campo de golf, gasolineras, restaurantes y todo tipo de servicios transformando de manera radical el entorno natural que distinguía a este “pulmón” de la capital michoacana.
Con rapidez inicio la transformación de la Loma de Santa María, dejando para lo ultimo la construcción de accesos, la planificación urbana integral, la recolección de basura, el consumo de agua potable y la dotación de transporte público eficiente.
Creo que no están “peleados” tradiciones y modernidad, que los avances tecnológicos puestos al servicio de la sociedad logran maravillas, ejemplos como Curitiba, Brasil hay varios.
Finalmente, se construyó un acceso rápido y eficiente, cuando no se encuentra obstruido por alguna manifestación ciudadana, se mejoraron vialidades y servicios públicos, se instalo una escultura del Papa Juan Pablo II y una plaza cívica, en la que en ocasiones cada vez más espaciadas se iza una bandera monumental de
México.
Miles de personas migraron su residencia a esta zona de Morelia, generando necesidades de todo tipo, provocando en horas pico “caos vial”, inseguridad, cambios de hábitos y costumbres en un ejercicio pleno de gentrificación.
Los morelianos sobrevivientes, aún, del siglo pasado, como mi estimado amigo FRANCISCO LÓPEZ GUIDO, presumen y evocan el recorrido que realizaban a este bello lugar al que hoy difícilmente reconocen.
Siempre será polémico evocar el pasado para compararlo con el presente, muchos de los actuales habitantes de la Loma de Santa María no tienen idea, ni información de lo que representaba y sucedía en este emblemático rincón de la capital michoacana.
Las autoridades municipales en coordinación con los vecinos de la zona, intentan mantener “viva” la tradición de visitar la Loma de Santa María para disfrutar de su platillo emblemático, el mole.
Así que, si no tiene otra cosa mejor que hacer, vale la pena
paladearlo y en un acto de total resiliencia agradecer el pasado y adaptarse con alegría al presente.
Estimado lector y/o escucha, usted tiene siempre la mejor
opinión.




