Ópticas Constructivas
Dr. Rogelio Díaz Ortiz
La reciente designación de Hugo López Gatell como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud ha “movido” la memoria de muchos al vincular su nombre con los momentos de crisis, enfermedad y muerte causados por un micro organismo al que aún se le estudia para entender su virulencia.
Muchos enfermaron, algunos se curaron y otros más fallecieron, sin que la ciencia actuará con la velocidad esperada ni las autoridades con la eficiencia obligada.
Con incredulidad nos convertimos en testigos de la aparición de nuevos paradigmas en el hogar, educación, trabajo, gobierno, salud y cotidianidad en lo general.
Tuvimos que aprender, desaprender y reaprender con velocidad utilizando nuevos códigos de comunicación y convivencia, físicamente lejos de nuestros afectos, con distintas rutinas y con las emociones a flor de piel.
Sentimientos, emociones y esperanza se canalizaron a través de la espiritualidad para coincidir en la existencia de una conciencia superior a la que recurrimos para pedir ayuda, sin distingo de raza, color, edad, posición social, grado académico, religión e idioma.
Nos dimos cuenta de la importancia del ¡aquí y ahora! al “descubrir” que la dimensión tiempo cambio, haciendo significativo el presente, enseñándonos a fluir paso por paso y día por día.
Se incorporaron a nuestra cotidianidad prácticas como educación a distancia, teletrabajo, compras en línea, “asistencia” virtual a museos, conciertos y películas, convivencia a través de video llamadas y “rechazo” al contacto físico.
Como sutil consecuencia, las relaciones humanas cambiaron, todo se volvió desechable, cobró especial valor la inmediatez, se transformaron objetivos, aspiraciones y metas.
Surgieron nuevas necesidades profesionales y técnicas que aún no han sido atendidas, empleos diferentes, distribución distinta del tiempo, incorporación de tecnologías, como la inteligencia artificial, que llegaron para quedarse.
Como sociedad hemos demostrado resiliencia e inteligencia emocional, logramos adaptarnos, sobrevivir y trascender esta cruda etapa, pero NO debemos olvidar la vulnerabilidad y el permanente riesgo en el que vivimos.
Parece que olvidamos generar ejercicios de convivencia que respeten a quienes nos rodean, aquello de “yo me cuido para cuidarte” ha quedado como letra muerta.
Hoy los brotes de Tosferina, Sarampión e Influenza han movido la conciencia de todos, ya que nadie desea volver a pasar por los turbulentos momentos de una pandemia.
Aunque es tarea del gobierno la atención de la salud, es responsabilidad personal prevenir y/o atender a tiempo las enfermedades, actuar con respeto y empatía con nuestro entorno.
Si olvidamos la lección y volvemos a repetir errores, los resultados pueden ser devastadores en todo tiempo y momento.




